El luctuoso y resonante episodio ocurrido esta semana en el hospital rural de la pequeña y paradisíaca Camarones -un hombre falleció porque no pudo ser reanimado al incendiarse el único desfibrilador existente en el establecimiento público-, abrió el debate comunitario en redes sociales, donde se deslizaron distintas afirmaciones sostenidas en el conocimiento popular, a partir de lo que permite una localidad demográficamente reducida.

Escasa en habitantes, en Camarones todos conocen sus artimañas. Y un movimiento inapropiado corre entre el vecindario como lava volcánica. Es cierto que también existe miedo. Pocos son quienes se atreven a exponer los padecimientos dentro de la comunidad. Incluso, quienes se animan a la exposición referencian que la intendente Claudia Loyola tiene actitudes autoritarias, no permite el disenso, y castiga a aquellos que conservan ideas propias, no asimiladas por la jefa política.

“Si alguno habla, puede perder su plan o empleo”, argumentó un vecino a Cinco Claves.

Transcurrida la muerte del vecino camaronense, varios lugareños a través de las redes sociales cuestionaron el manejo interno del hospital rural local. Parece una concesión. Es que familiares directos de la jefa comunal administran el centro sanitario.

En concreto, de acuerdo a datos confirmados a este medio, la doctora que atendió al paciente fallecido es Gladys Corzo (madre de la intendente), la administrativa General es Verónica Loyola (hermana de la mandataria local); la directora del hospital es Sabrina Corzo (prima de la responsable del Ejecutivo), y el chófer de la ambulancia es Cristian Argel (pareja Verónica Loyola).

La intendente concesionó la salud pública en la comuna. El vecino se hartó. En Camarones hay mucho malestar por distintas situaciones que transcurren y no conocen la luz. El tiempo, quizás, juzgará las acciones desmedidas.

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