Cada vez es más frecuente observar estos elementos en las calles capitalinas. Tal vez falten políticas de Estado orientadas a proteger al peatón. Vecinos de Rawson decidieron, tal vez ante la impericia del Municipio local, colocar cabos de amarre para embarcaciones como reductores de velocidad en las calles capitalinas. Si bien el dato no es novedoso, ya que en algunas calles de ripio la cuerda náutica está desgastada por el paso del tiempo, cada vez son más las arterias que disponen de ese elemento para reducir la velocidad de los automovilistas. Cierto es que cruzar de un extremo a otro la cuerda está prohibido, sin embargo, el Municipio prefiere ignorar la situación. Tampoco ofrece opciones que obliguen a los automovilistas a bajar la marcha del vehículo. Y quizás argumenten falta de presupuesto para avanzar con alguna obra a tal fin. En algunos barrios, esos cabos se observan cada una cuadra; lo que también genera un problema para la suspensión del rodado, ya que su material puede incluso afectar los neumáticos. También ese elemento es observable en un jardín, para seguridad de los niños que concurren a ese establecimiento. Lógicamente, es incuestionablemente la seguridad de los alumnos, aunque deberían plantearse otros métodos. La seguridad vial es un derecho ciudadano; no existe discusión. Pero hay otros mecanismos menos dañinos que también podrían ser respetados por quienes manipulan un automóvil. Navegación de entradas El argumento de Terenzi para tipificar el ecocidio: “Dañar gravemente el ambiente no puede salir gratis” Los aumentos de impuestos desmedidos en Madryn impactaron en el turismo