Cualquier fundamento contrario lo irrita. Perdió la capacidad de respuesta a través de la gestión.

La intolerancia es una aptitud de rechazo hacia postulados o argumentos que difieren de lo que uno mismo considera que es lo correcto. No hay espacio para la discusión. Es una postura que reprime cualquier intento interno de mea culpa o, en efecto, asumir los errores. A su vez, denota inseguridad y falta de convicción de quien en determinado momento expone sus ideas.

Aplica en cualquier circunstancia, en distintos ámbitos. A veces está amistada con la tenencia transitoria de poder, es decir, ejecutar en función de lo que se considera omitiendo cualquier lectura reparadora. Esto es: decido porque ostento esa facultad, el resto es habladurías.  

Y sobre ese eje la persona se ciega. No tolera la discrepancia. Lógico, ese factor necesita de la obsecuencia para acentuarse. Reunidos todos esos componentes, la intolerancia conduce a la impermeabilidad. Entonces, dirimir fundamentos no es buena escuela.  

  • En las últimas horas, el intendente de Trelew, Gerardo Merino, exhibió esa postura. Incluso, utilizando de manera desmedida todos los recursos a su alcance, propios e impropios (estos últimos posibilitados por el dinero de la pauta oficial).

El jefe de distrito no permite las disidencias. Todo el tiempo manifiesta una actitud defensiva frente a argumentos que ni siquiera lo ponen en riesgo. Tal vez, quienes lo rodean deberían intervenir para que no invierta tiempo en disgustos.

Ocurre que lejos de preservarlo lo exponen y obligan a un tour por distintos medios de comunicación. Es contraproducente, porque en momentos donde las redes sociales influyen y generan opinión, cualquier desliz podría ser utilizado contrariamente.

De hecho, después de las elecciones de medio término la imagen del intendente -sin proponerse candidato- bajó notoriamente. Y eso acontece cuando la gestión no responde; o simula a través del mal utilizado aparato de comunicación hechos que distan de las necesidades de la población.

El entorno -y también por una decisión personal del propio Merino- lo perjudicó. Es difícil revertir una imagen cuando no hay capacidad de adaptarse a lo que exige el momento.

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