Crudo relato de un médico Clínico sobre los perjuicios del sílice. En Dolavon, la explotación del recurso se potenció y su actividad, de acuerdo con el análisis del profesional, va en detrimento de la salud.

El silencio resta. Y cuando confluye con negocios poderosos o en los que intervienen intereses políticos, esa omisión cómplice no dimensiona el daño que puede ocasionar en terceros.

Para fortuna de los terrenales, existen personas que trascienden cuando deciden exponer sus impresiones desde el conocimiento técnico. Y cuando existen bases sólidas es difícil cuestionar los argumentos. Las pruebas suelen ser irrefutables.   

El conocido médico Clínico, David Williams, reveló un drama que solo se transmitía por susurros. Las arenas silíceas son un riesgo para la salud. Dolavon, según su criterio, está afectando la calidad del aire en el valle.

Ya transcurrieron muchos años de la explotación de ese recurso. Los problemas respiratorios entre la población son más frecuentes y se acentúan con el paso del tiempo.

Y lo bien lo describió en pocas líneas el profesional. “La arena que nos mata”, escribió Williams en sus redes sociales.

Con sobrada pedagogía, explicó que “el sílice en cristales pequeños y el cuarzo microscópico que llegan en nubes invisibles cubren el aire del valle desde la meseta a 80 km de Dolavon”.

Comparó que “estamos dentro de esa nube como lo están Homero Simpson y su familia en el smog. Sólo que nosotros somos reales”.

Planteó que “sin poder hacer una estadística, veo, como el valiente Dr. Sponer declaró un aumento de las enfermedades respiratorias: rinitis, sinusitis, bronquitis, incluso algunos casos de fibrosis pulmonar. En pocos años veremos cáncer por silicosis pulmonar”, alertó.

En su escrito, se preguntó: “¿Alguien mide- sin coimas ni amenazas de por medio- la concentración de sílice en el aire de nuestro valle?, que se ve como una densa cortina de polvo al alejarnos, incluso en días sin viento, en la subida a las Lomas de María, en ruta a Madryn, ya a unos 14 km de Trelew”.

Señaló que “no tengo antecedentes familiares, pero tengo asma leve, además de una terrible, dolorosa e incoercible rinosinusitis crónica”.

Citó como ejemplo que “si paso la mano por el techo del auto recién lavado, se raya con partículas duras microscópicas. Si camino junto a mi puerta en un día de viento siento el ‘cric’ de la arena que piso que pasó bajo la puerta”.

Explicó que los pacientes “nos piden por favor a los médicos que curemos sus problemas respiratorios”. Pero “si no cambian las cosas, les digo, sólo se curarán yéndose a vivir a otro lado. Aquí los oídos de beneficiarios del sistema son sordos…y aunque se vayan, aún llevarán secuelas consigo”.

Por

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *