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Feria del Libro y censura: grave denuncia de Urbano

El legislador provincial (MC) relató todo lo que padeció cuando intentaron impedir su participación en la Feria del Libro.

El legislador provincial (MC) relató todo lo que padeció cuando intentaron impedir su participación en la Feria del Libro.

El referente de la Fundación FUSSO, Fernando Urbano, denunció censura en la Feria del Libro celebrada la semana pasada en el Museo Egidio Feruglio de Trelew. “Un momento dolorose” donde está “en juego el derecho de toda una comunidad a debatir libremente sobre su propio futuro”, textualizó.

El diputado provincial (MC) expuso una situación delicada que le tocó atravesar en la muestra, donde buscaba exponer al vecino sus obras “4 veces NO. Chubut frente al uranio” y “Estanislao”.

Para Urbano fue todo espinoso. Desde el momento de la solicitud de un espacio en la feria -que no obtuvo respuesta- hasta su llegada al lugar de la actividad, donde tras lidiar con la policía, pudo ingresar a la feria y hablar de sus libros, que narran el impacto de la megaminería en Chubut.

Seguidamente, el descargó del referente de la Fundación FUSSO en redes sociales:

FERIA DEL LIBRO: POLICÍAS PARA SILENCIAR UNA VOZ CRÍTICA

Tras semanas de evasivas y respuestas ambiguas, finalmente se me comunicó que no podría exponerlos. No hubo argumentos sólidos ni una explicación razonable. Simplemente, se me cerraron las puertas.

Ante esta decisión, concurrí igualmente el viernes 16 a la Feria, fui sin compañía, con un banner y algunos volantes, para expresar pacíficamente mi posición sobre uno de los debates más trascendentes que enfrenta Chubut. No interrumpí actividades, no obstaculicé el trabajo de nadie ni generé disturbios. Me limité a ejercer un derecho fundamental: expresarme.

Sin embargo, en un momento que me había desplazado para entregar volantes, el banner fue retirado sin mi consentimiento. Al día siguiente, sábado 17, cuando lo instalé en la entrada, lo sacaron nuevamente y lo dejaron afuera, en el piso.

A pesar de haber acatado la orden de no ingresar el banner, la situación escaló aún más. Se me comunicó que, por orden de los organizadores (Provincia y Municipio), no debía entregar más volantes.

Ante mi negativa a acatar esa prohibición, llamaron a la policía. Durante casi una hora debí explicar y defender algo tan elemental como mi derecho a informar y dialogar con los ciudadanos. Frente a cuatro o cinco agentes uniformados, tuve que justificar una conducta que nunca dejó de ser pacífica y respetuosa.

Fue un momento doloroso, ocurrido a la vista de feriantes y visitantes. Finalmente pude ingresar, repartir mis volantes y hablar con la gente.

Quiero expresar mi sincero agradecimiento al diputado Juan Aquino, a quien no conocía, y a todas las personas que se acercaron a brindarme apoyo y solidaridad. Su acompañamiento fue fundamental en una situación que jamás debería ocurrir en un ámbito destinado a la cultura, el pensamiento y la libertad.

La contradicción quedó expuesta al día siguiente: el domingo 18, pude repartir exactamente los mismos volantes sin inconvenientes. ¿Qué era entonces lo que molestaba? ¿La información o simplemente la visibilidad de una voz crítica?

Cuando en una Feria del Libro se prohíbe hablar de megaminería, lo que está en juego ya no es solamente una opinión. Está en juego el derecho de toda una comunidad a debatir libremente sobre su propio futuro.