La tensión entre Estados Unidos e Irán vuelve a crecer ante la posibilidad de una nueva confrontación militar después de las elecciones de medio mandato estadounidenses. Aunque Donald Trump descartó lanzar ataques antes de esos comicios, no excluyó nuevas operaciones posteriores, mientras las negociaciones entre Washington y Teherán continúan sin avances claros.
Según Reuters, Irán prepara una respuesta militar más amplia en caso de sufrir una nueva ofensiva estadounidense. La estrategia podría incluir objetivos vinculados a Washington, países que respaldan sus operaciones y puntos estratégicos situados fuera de Oriente Medio. Además, Teherán habría pedido a sus aliados en Líbano, Yemen e Irak que estén preparados para intervenir.
Entre los posibles objetivos figuran los centros de datos, los sistemas de inteligencia artificial y los cables submarinos de fibra óptica que atraviesan el estrecho de Ormuz. El funcionario iraní Mohsen Rezaei advirtió que estas infraestructuras, cuyo valor estimó en dos billones de dólares, podrían quedar expuestas a represalias. Según especialistas citados en el informe, un ataque podría afectar las conexiones a Internet, los sistemas bancarios y las transacciones financieras entre Europa, Asia y África oriental.
Los centros tecnológicos y las instalaciones estratégicas de los países del golfo Pérsico también estarían en riesgo. El analista militar Serguéi Poletáyev señaló que una ofensiva contra estas infraestructuras podría perjudicar los planes de diversificación económica de los países árabes. A su vez, los expertos advierten que posibles daños a los cables submarinos podrían desencadenar interrupciones digitales con consecuencias en varios continentes.
La infraestructura energética y el suministro de agua también forman parte de los escenarios de represalia. El experto Vali Kaleji sostuvo que Irán podría responder si Washington ataca sus instalaciones energéticas y alertó sobre los riesgos de una escalada contra las plantas desalinizadoras. La dependencia de varios países de la región de estas instalaciones podría convertir una nueva confrontación en una crisis con efectos económicos, tecnológicos y humanitarios de alcance internacional.
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