Diferencias internas, sumado a la polémica decisión de no querer participar en las elecciones para la Intendencia de Gaiman -que derivó en la renuncia de Carlos Huentelaf al justicialismo-, agrietaron la estructura del PJ chubutense.
Y la responsabilidad recayó en la conducción partidaria, y en aquellos que monitorean de cerca cada movimiento interno que se desconsidera. O entienden es contraproducente para el momento.
Fueron semanas revolucionadas en el PJ. La salida de Huentelaf quizás fue el desencadenante de situaciones en serie que no encuentran contención partidaria. Y cuando eso ocurre, es preciso un mea culpa para encontrar respuestas ante el éxodo desmedido de dirigentes y militantes.
La discusión de ideas es bienvenida; pero es más auspiciosa cuando desde las divergencias se consolidan las estructuras y evita la fuga de capital humano.
Varios fueron los exponentes que marcaron posición en las últimas semanas. El dirigente de Puerto Madryn, Luis Catalán, declaró que “el PJ no pertenece a cuatro dirigentes. Es de sus afiliados, sus militantes y su historia”. De este modo, criticó las decisiones “puertas cerradas del partido”.
A través de una solicitada, inquirió: “¿Quién decide el futuro del Partido Justicialista: unos pocos dirigentes reunidos a puertas cerradas o miles de afiliados y militantes de toda la provincia?”.
El mensaje apuntó directamente al funcionamiento interno del PJ: “Primero aparecen los nombres. Después los acuerdos. Y a la militancia pretenden convocarla cuando todo está decidido”.
Catalán también reclamó que haya internas cuando existan diferencias y que sean los afiliados quienes tengan la última palabra. “Que nadie tenga miedo de competir. Y que finalmente decida la militancia”, sostuvo.
Por último, se preguntó de cara al 2027: “¿Queremos administrar otra derrota o queremos volver a construir una alternativa de gobierno?”.