Crecen las dudas sobre la deuda y el rumbo económico. Los bonos argentinos que cotizan en Nueva York registraron una caída del 2,9%.
La deuda argentina atraviesa una nueva jornada de fuertes retrocesos, en un contexto de volatilidad internacional y crecientes dudas sobre la capacidad del país para afrontar sus compromisos financieros. El riesgo país, este jueves, trepó hasta los 927 puntos básicos, su nivel más alto del año, luego de haber registrado un mínimo de 402 puntos en julio.
Los bonos argentinos que cotizan en Nueva York registraron una caída del 2,9%, mientras que las acciones de empresas nacionales llegaron a perder hasta un 5,5%. En Wall Street, el Nasdaq retrocedió un 5,1% y el Dow Jones cerca del 2%, en una jornada marcada por la incertidumbre de los mercados globales. En Buenos Aires, el índice Merval cayó un 2,8% en pesos y un 3,9% en dólares.
Sin embargo, los analistas advierten que el deterioro de los activos argentinos no responde exclusivamente a factores externos. La debilidad de la deuda comenzó a mediados de julio y el riesgo país ya había acumulado una suba cercana a los 440 puntos básicos hasta el martes. Entre las preocupaciones aparecen las dudas sobre el respaldo político al programa económico y la continuidad de las políticas actuales después de 2027.
A la incertidumbre local se suma el escenario político de Estados Unidos y la posibilidad de que los demócratas impulsen iniciativas para limitar la asistencia financiera de Donald Trump a la Argentina. Nicolás Max, Chief Investment Officer de Criteria, sostuvo que el país enfrenta tanto sus propios desequilibrios como el castigo internacional a los créditos de mayor riesgo, en un contexto de tasas globales elevadas.
El mercado también pone el foco en la capacidad de la economía argentina para generar las divisas necesarias para cumplir con sus obligaciones externas. En este escenario, el principal desafío será consolidar los resultados económicos, fortalecer la confianza de los inversores y ofrecer previsibilidad política y financiera a largo plazo, en un contexto internacional cada vez más exigente para los países con mayor riesgo crediticio.