Las dos listas que compitieron se adjudicaron la victoria. Cierto es que hubo momentos controversiales, por ejemplo, el robo de una urna clave para el proceso, entre otras irregularidades. La triste costumbre de empiojar un comicio sindical.
Afiliados eliminados presuntamente de los padrones, lugares inapropiados para votar, el supuesto robo de una urna clave para el desarrollo del proceso, fueron algunas manifestaciones apuntadas tras la elección de la Central de Trabajadores de la Argentina en Chubut.
De comprobarse estos señalamientos, sería un capítulo lamentable para la institucionalización de una central estatal relevante en la defensa de los derechos de los trabajadores. La libertad de poder elegir a los representantes en un acto soberano es crucial para la legitimación de la conducción gremial, pero cuando se denuncian inconsistencias surgen sospechas sobre la transparencia del proceso.
Las dos listas que compitieron en la elección se adjudicaron la victoria. La 2 se aferró a los datos apuntados en las actas, mientras que la 10 -acompañada por el aparato provincial y nacional- celebró con un flyer compartido en redes sociales.
No es la primera que sucede un episodio de estas características. Tristemente, en los últimos tiempos, muchas elecciones sindicales culminaron en escándalo. A veces, por la inseguridad de quienes ostentan el poder transitorio y quieren perpetuarse por intereses personales, se recurre a prácticas desleales para opacar un acto genuino, donde el afiliado -para fortuna de la clase dirigencial- todavía emite su voto, pese al manoseo posterior.
Culminó la elección, pero ahora iniciará la polémica. Y será hasta que el tiempo defina en qué momento asumirá la conducción de la CTA, legitimada o no. Ya ni siquiera intervienen los órganos de control. El olvido en el colectivo de esta elección será el momento oportuno para que los declarados vencedores se apoderen de la conducción de la central.
La gente olvida, los episodios se diluyen en el tiempo y es justamente ese instante que nadie observa el ideal para adjudicarse cualquier logro o asumir la responsabilidad. Todo pasa.