El cierre del oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudita, tras los recientes ataques contra infraestructura energética, amenaza con reducir el suministro de crudo hacia Asia. Según expertos citados por CNBC, entre 3,5 y 4,5 millones de barriles diarios destinados a la región podrían quedar en riesgo.
Corea del Sur aparece como uno de los países más expuestos debido a su elevada dependencia del petróleo saudí. En julio, el crudo procedente de Arabia Saudita representó el 34,1 % de sus importaciones, frente al 27,3 % en Japón, el 14,9 % en China y el 10,2 % en India.
El impacto podría extenderse al mercado mundial si la interrupción se prolonga. El analista Matt Smith, de Kpler, estima que un cierre durante un mes podría retirar unos 120 millones de barriles del mercado. Las reservas disponibles permitirían sostener las exportaciones durante una o dos semanas, mientras que nuevos cargamentos desde América o África Occidental tardarían más de un mes en llegar a Asia.
La incertidumbre aumenta porque Arabia Saudita todavía no anunció cuándo se reanudará el funcionamiento del oleoducto, cuya capacidad máxima alcanza los siete millones de barriles diarios. Informes citados de AP y Reuters sitúan las posibles reparaciones entre tres y seis semanas, aunque el secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, afirmó que la infraestructura volvería a operar “muy pronto”.
Europa también enfrenta posibles dificultades de abastecimiento. Arabia Saudita canceló el 15 de septiembre varios envíos hacia el continente, mientras países como Polonia buscan proveedores alternativos. La presión llega además en un contexto de precios elevados: el Brent ronda actualmente los 108 dólares por barril, frente a unos 75 dólares en 2023.
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