Sería parte de una estrategia para desviar la atención de la gente, aunque parece que no estaría surtiendo efecto.
En escenarios electorales, cualquier estrategia que apunte a capitalizar la atención ciudadana con intenciones de restarle interés a las verdaderas preocupaciones, resulta legítimo para quienes ostentan el poder transitorio. Sucede en Chubut, y seguramente se intensifiquen a medida que se acerquen las elecciones.
El gobernador Ignacio Torres, de acuerdo con información sensible a la que accedió CINCO CLAVES, le habría ordenado al exintendente de Trelew, Adrián Maderna, confrontar con el jefe distrital actual, Gerardo Merino, para que el votante omita referirse a las enjutas gestiones que ambos llevaron adelante.
La idea es que la gente se inmiscuya en esa disputa pública y pierda el eje de lo verdaderamente preocupante; como también olvide referencia de otros dirigentes que pugnan por la intendencia de la ciudad más politizada de Chubut. Es una estrategia inútil, ya que la crisis es cada vez más acuciante y las personas están pendientes de cómo subsistir, sobre todo por la carga impositiva y en los servicios públicos, avaladas por Merino.
Maderna aceptó jugar en el barro bajo presión, ante la amenaza de carpetazos o avances de denuncias judiciales en las que estaría seriamente comprometido. “No le quedó otra, y entró a la cancha”, dijo una persona que recorre con asiduidad la reconstruida casona de Rawson.
El vínculo entre Torres y Maderna se consolida incluso desde el entorno de cada uno. La semana pasada, el controvertido dirigente Gustavo Cardozo se reunió con Guillermo Aranda, uno de los funcionarios más fieles e influyentes del gobernador. “Al parecer, habrían cerrado negociaciones”, comentaron a este medio. “No sabemos qué, pero habrían acordado”, insistió.
El dueto Torres-Maderna, más allá de reuniones frecuentes, no termina de cerrar hacia el resto de los funcionarios provinciales. “Es una amenaza; en cualquier momento (el exintendente de Trelew) te puede acostar con ropa, independientemente que esté contenido por temor a carpetazos”, analizaron desde la capital provincial.
A Merino tampoco le seducen las conversaciones que Maderna sostiene con el gobernador. “Está al tanto de todo, pero no puede ladrar mucho. Él comprende todo lo que sucederá y las estrategias, sin embargo, tiene que comportarse como chico castigado, es decir, cabeza agachada”.
La orden es conflictuar, aunque a la gente le ocupa con urgencia cómo nutrir la olla.